Díaz Ceballos, Beatriz

Nacida en Oviedo en 1971

Licenciada en Bellas Artes, especialidad de Dibujo por la Facultad de Bellas Artes de Valencia.
Beca Erasmus. Institute of Higher education, Southampton, Inglaterra.
Estudios de Doctorado por la Facultad de BBAA de Barcelona.

“Era uno de esos días en el que el viento quiere hablar”
Ramón Gómez de la Serna

Si consigo retener un recuerdo, si consigo que siempre me acompañe, aunque esas mismas manos lo hayan modificado, aunque hayan variado su esencia, añadiendo matices irreales a la experiencia real, aunque la historia auténtica se convierta en algo nuevo dentro de mi, todo ello irá poco a poco modelando mi propia biografía, lo que he sido y lo que seré.
Beatriz Díaz Ceballos

Desde que nacemos o, tal vez, desde el momento en que somos concebidos, tiene lugar el registro en nuestra memoria de todos los acontecimientos que formarán nuestra biografía (historia de la vida de una persona).

Todo ser humano tiene su propia historia, donde se recogen todas sus vivencias.

La obra que nos presenta Beatriz Díaz tiene como objeto indagar en el concepto de la memoria-potencia del alma por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado.

Así como en sus obras anteriores hacía hincapié en el proceso creativo, utilizando “el lápiz” como vehículo transmisor de la idea, en estas últimas creaciones ha ido más lejos, remontándose al concepto de lo humano. En esta ocasión son las manos los elementos elegidos para definir la historia de la vida, la biografía de cada persona.

El filósofo Anaxágoras decía que las manos eran el atributo que convertía al hombre en el más inteligente de los animales, un atributo que incluso llegaba a asimilar con el alma, por ser el instrumento de todos los instrumentos.

En el paleolítico superior, aparecen las huellas del hombre. Representaciones de manos en forma de siluetas y positivos son los primeros signos en el arte prehistórico, de la identidad humana.

Las manos definen la individualidad de cada persona. Unas manos de mujer como las de Beatriz Díaz, pequeñas, distintas a las de cualquier otra persona, hábiles y cuidadosas, delicadas pero fuertes, que han vivido y siguen acumulando experiencias, han sido las utilizadas como modelo para representar la idea de “Biografías”.

Algunos artistas han basado su trabajo en la representación de las manos. Por ejemplo, toda la obra de Chillida surge del estudio de sus propias manos. El interés conceptual de Chillida por las manos arranca de la idea de que el hombre se distingue como ser transformador y creador, no sólo por su capacidad de hacer de sus manos un instrumento de extraordinaria precisión, sino también por ser un medio corporal íntimamente relacionado con el intelecto. “La mano es el órgano esencial de la cultura e iniciador de la humanización” (Ernest Fischer- La necesidad del Arte).

A través de las manos nos comunicamos con el mundo. Las manos expresan los distintos estados de ánimo y evidencian una relación entre la mano y la mente.

Con las manos podemos coger y acoger, tocar, sentir, crear, pintar, construir, acariciar, escribir…

Además de las manos, Beatriz Díaz incorpora otro elemento que ha sido fundamental en toda su obra, se trata de “las letras”.
Así como hemos dicho que las manos definen la individualidad de cada persona, edad, sexo, tamaño, color…; las letras, por el contrario, son un elemento común, que a través del lenguaje nos permite relacionarnos con los demás.

La palabra nos hace humanos. Por medio de las palabras podemos expresar multitud de ideas, pensamientos, conceptos, sentimientos…es la fuerza de las palabras. La unión de estos dos elementos, las manos y las letras, son el eje entorno al que se desarrolla la idea de esta exposición. Las manos aportan el valor humano, indican la presencia de la persona; las letras aportan el concepto de historia, la narración de los acontecimientos.

Si recorremos la exposición, iremos descubriendo las historias que Beatriz Díaz ha convertido en mensajes visuales llenos de magia y poesía.

Vemos unas manos que dejan escapar entre los dedos las letras, que son las experiencias vividas. Otras manos agarran con fuerza las palabras, impidiendo que se escapen, no queriendo olvidar lo vivido. Otras en cambio estarán buscando, esforzándose en encontrar nuevas sensaciones.

También veremos unas manos que arañan las paredes, intentando desentrañar lo oculto, lo que está escondido, o lo que no queremos recordar porque nos produce dolor.

Las piezas que contiene libros, representan aquello que hemos vivido, lo que queda escrito y que va formando nuestra biografía. Se trata de la memoria de lo leído-vivido.

Los cubos llenos de letras nos remiten a la idea de memoria, a la acumulación de recuerdos. Son los recuerdos que Beatriz Díaz ha ido atesorando.

Por último vemos unas piezas en las que las letras aparecen sin orden y danzan libremente en espera de componer palabras, que transmitan nuevas experiencias vividas, que formarán poco a poco el presente y que pasarán a la historia de lo vivido. Algunas llenarán nuestra alma de gratas sensaciones, otras sin embargo nos producirán sentimientos de tristeza, porque así es la vida; pero todas ellas irán formando la persona que somos.

¡Ojalá sepamos valorar el poder de las palabras y el lenguaje de las manos, que nos permite comunicarnos con nuestros semejantes! ¡Que nuestras manos y nuestras palabras sirvan para mejorar nuestro entorno!
Amparo Puig

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