Olmedo, Cristóbal

Cristóbal Olmedo nos acerca a su creación de forma personal. No en vano afirma: “Probablemente no hay nada tan íntimo como crear, es quitarse una parte de uno, para compartirla con los demás. En el fondo y en la forma el pintor es un HUMANISTA”.

 

Olmedo realiza una perfecta sinécdoque de la cotidianeidad. Por medio de una depuradísima técnica nos acerca a una realidad donde la intervención del espectador es indispensable para completar la obra. Cristóbal Olmedo apela a nuestra imaginación, que ha de añadir los elementos sugeridos aunque no representados. La forma de tratar el color es igualmente realista aunque con visos de abstracción. Al igual que los hiperrealistas americanos, la obra de Olmedo no se queda en la banalidad de lo representado. Su quehacer, sumamente reflexivo, nos descubre similitudes con el Minimal Art o con el Arte Conceptual. Sin embargo, a diferencia de Don Heddy o De Andrea, Cristóbal Olmedo no está enfrentado a la sociedad. Muy al contrario, trata de representar la belleza de un paisaje en construcción o de una imagen concreta en un día cualquiera. Así pues, Olmedo pone en juego el ejercicio de la percepción y nos presenta una obra con una realidad de carácter sintético que es producto de un trabajo operatorio y conceptual.

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