Moro, Luís

La obra de Luis Moro (Segovia, 1969), fuertemente arraigada en la cultura hispana, tiene una amplia proyección internacional. A sus treinta y cuatro años cuenta con más de treinta exposiciones individuales, de las cuales aproximadamente la mitad se han realizado fuera de los límites de nuestro país. Es más, durante el último año su obra ha recibido el reconocimiento de organismos públicos, como el encargo de la realización de las medallas para el campeonato mundial de Atletismo sub-21 (2004) celebrado en Grosetto (Italia) y la elección de uno de sus cuadros por la fundación Don Juan de Borbón de Segovia como regalo de bodas al príncipe de Asturias. Otras propuestas artísticas dignas de mención dentro de la obra del segoviano son los carteles para los festivales de Jazz de Umbría en Italia o la exposición inaugural de la Casa de España en Roma.

Iluminaciones 1

En su obra aparecen artes tan diversas como la pintura, la escultura y el grabado. Domina todas ellas, habiendo obtenido premios tan importantes como el Nacional de escultura, en el certamen juvenil de artes plásticas de 1986. Su producción artística nos muestra desde las técnicas tradicionales, hasta elementos más modernos y actuales como la impresión digital sobre seda, que ha sido presentada por ña Galería Rodrigo Juarranz en las dos últimas ediciones de ESTAMPA, feria internacional de arte del grabado y la obra múltiple.

Animales y hombres lanzados en una pintura plenamente consciente de las propias posibilidades expresivas, se entremezclan en una vorágine de formas siempre tensas, casi neuróticas, a través de diversas modalidades técnicas, donde todo está invadido por el ansia de descubrir los límites del lenguaje con el cual habla al mundo. Un ímpetu de vida animista mueve a Luis Moro en la pintura, en una fusión interior entre animales y hombre, entre objetos y elementos naturales. La narración surge así, comprometida en la linealidad, fragmentada, desordenada, subordinada a la atención hacia aquel resplandor de vitalidad que a toda costa es necesario recrear.

Elementos zoomorfos se mezclan con otros geométricos en un espacio escenográfico. Es, entre otras cosas, el conocimiento de la naturaleza lo que impera en su obra, y es este conocimiento indispensable para el artista, como nos recuerda Don Juan Antonio Ramírez en “La Metáfora de la Colmena”. Así, Luis Moro parece seguir las pautas de San Agustín:

“la belleza es el resplandor de la verdad; como el arte es belleza, sin verdad no hay arte. Para encontrar la verdad se deben conocer bien los seres de la creación”

No ve los objetos vivos con el interés de un científico en el laboratorio sino como un paseante en el campo. No es el microscopio sino la lupa su herramienta de trabajo. Introduce la naturaleza en el museo pero de una forma novedosa.

Así como Picasso considera que al nombrar el objeto lo hace existir, Moro al pintar las cosas las conserva.

“Soy un testigo de la naturaleza presente que tengo la obligación de conservarla para el futuro”

Esta es la línea que siguen las últimas obras que hemos presentado en Estampa, como por ejemplo, sobre el caballito de mar, especie en peligro de extinción.

Iluminaciones 2

El amor por los animales encuentra su culminación en la reedición del Dioscórides, traducido por Andrés Laguna en el siglo XVI, que Luis Moro ha querido ilustrar en conmemoración del quinto centenario del nacimiento del médico segoviano.

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