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Enrique González (Madrid 1968) autodidacta como otros grandes artistas, se sintió fascinado desde niño, por las obras clásicas, que habitaban los museos de Madrid. No podía explicar, la atracción que le inspiraban esas maravillosas obras, que le hacían ir una y otra vez a recorrer sus estancias. El solo se limitaba a mirar y sentir.

Desde sus inicios, su necesidad vital de búsqueda, le lleva indagar en todos los campos: artísticos, filosóficos, literarios, musicales… que le ayudaran, a la hora de encontrar su propio lenguaje, experimentando con diferentes técnicas y corrientes artísticas: abstracción, expresionismo, cubismo, povera, figuración, minimalismo, arte pop… llegando tras este periodo de formación y búsqueda, a la figuración desde lo cotidiano, inspirándose en las cosas sencillas que hacen la vida.

En esta exposición, podemos ver obra figurativa de reciente creación, que sintetiza de un modo muy coherente los logros de su devenir artístico. Encontramos un arte figurativo que toma como partida, en muchos casos, sus primeras emociones artísticas, nacidas de la observación de significativas obras de la historia del arte, de artistas como Leonardo, Ingres, Vermeer… de las cuales asimila y reinventa, trasladando a otro contexto las obras, en su totalidad o fragmentos, creando nuevas realidades. Y en ocasiones fundiendo en una misma obra, estilos artísticos de épocas muy diferentes, como la del creador flamenco del siglo XV Hans Memling y el norteamericano Edward Hopper o interviniendo en ocasiones el lienzo directamente, añadiendo una obra original propia. El resultado es una pieza pensada, si perder frescura, con un componente interno muy sugerente, donde el espectador se siente cómodo ante una imagen familiar que le plantea nuevas lecturas. Enrique González representa de alguna manera, el aprendizaje que la vida nos proporciona a cada uno, aunque no seamos muy conscientes de ello, solo al final todo encaja, como el mismo dice: “Todo lo que hago en este momento, empieza a tener un sentido. Es como si hubiera sido necesario pasar por todos esos estilos para de cada uno de ellos extraer algo que sentía como mío… La pintura que ahora hago es, de alguna forma, el resumen o el poso de todo lo que he ido viendo, descubriendo y asimilando…”

Por otro lado, Enrique González siente gran admiración por el arte oriental, en lo que tiene de esencial, profundo y sugerente. Esto explica el titulo de la exposición: “El enigma de la sombra”, como homenaje a Junichiro Tanizaki, escritor de gran influencia sobre el artista, y a su ensayo “El elogio de la sombra”, donde destaca uno de los rasgos ancestrales nipones: el culto a la sombra, la esencia por descubrir, frente a la pasión por la luz de Occidente, donde se muestra la realidad de un modo impúdico, sin matices, sin sugerencias, donde la recreación no tiene lugar. González comparte con Tanizaki la acción del artista como creador, revelando ese universo secreto que nos rodea, forjado en el interior de la luz que guardan las sombras.

Carla Torres

Comisaria

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Enrique González (Madrid 1968) autodidacta como otros grandes artistas, se sintió fascinado desde niño, por las obras clásicas, que habitaban los museos de Madrid. No podía explicar, la atracción que le inspiraban esas maravillosas obras, que le hacían ir una y otra vez a recorrer sus estancias. El solo se limitaba a mirar y sentir.

Desde sus inicios, su necesidad vital de búsqueda, le lleva indagar en todos los campos: artísticos, filosóficos, literarios, musicales… que le ayudaran, a la hora de encontrar su propio lenguaje, experimentando con diferentes técnicas y corrientes artísticas: abstracción, expresionismo, cubismo, povera, figuración, minimalismo, arte pop… llegando tras este periodo de formación y búsqueda, a la figuración desde lo cotidiano, inspirándose en las cosas sencillas que hacen la vida.

En esta exposición, podemos ver obra figurativa de reciente creación, que sintetiza de un modo muy coherente los logros de su devenir artístico. Encontramos un arte figurativo que toma como partida, en muchos casos, sus primeras emociones artísticas, nacidas de la observación de significativas obras de la historia del arte, de artistas como Leonardo, Ingres, Vermeer… de las cuales asimila y reinventa, trasladando a otro contexto las obras, en su totalidad o fragmentos, creando nuevas realidades. Y en ocasiones fundiendo en una misma obra, estilos artísticos de épocas muy diferentes, como la del creador flamenco del siglo XV Hans Memling y el norteamericano Edward Hopper o interviniendo en ocasiones el lienzo directamente, añadiendo una obra original propia. El resultado es una pieza pensada, si perder frescura, con un componente interno muy sugerente, donde el espectador se siente cómodo ante una imagen familiar que le plantea nuevas lecturas. Enrique González representa de alguna manera, el aprendizaje que la vida nos proporciona a cada uno, aunque no seamos muy conscientes de ello, solo al final todo encaja, como el mismo dice: “Todo lo que hago en este momento, empieza a tener un sentido. Es como si hubiera sido necesario pasar por todos esos estilos para de cada uno de ellos extraer algo que sentía como mío… La pintura que ahora hago es, de alguna forma, el resumen o el poso de todo lo que he ido viendo, descubriendo y asimilando…”

Por otro lado, Enrique González siente gran admiración por el arte oriental, en lo que tiene de esencial, profundo y sugerente. Esto explica el titulo de la exposición: “El enigma de la sombra”, como homenaje a Junichiro Tanizaki, escritor de gran influencia sobre el artista, y a su ensayo “El elogio de la sombra”, donde destaca uno de los rasgos ancestrales nipones: el culto a la sombra, la esencia por descubrir, frente a la pasión por la luz de Occidente, donde se muestra la realidad de un modo impúdico, sin matices, sin sugerencias, donde la recreación no tiene lugar. González comparte con Tanizaki la acción del artista como creador, revelando ese universo secreto que nos rodea, forjado en el interior de la luz que guardan las sombras.

Carla Torres

Comisaria

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