La silueta de una ciudad, a lo lejos, recorta la línea del horizonte. SKYLINES. ¿Quién invade a quién? la urbe a la tierra o al cielo. La vista del paisaje acotada por los postes – paréntesis en el veloz viaje por la carretera. Como corcheas en un pentagrama, los árboles marcan el ritmo. La atmósfera acentúa la soledad ante la grandeza. Los colores del amanecer y del atardecer traspasan el iris y conmueven el interior corporal. No hay frío ni calor, sino espacio.
Así se siente uno ante la obra de este joven artista: Diego Benéitez. Sentimientos encontrados ante una obra absorbente, que abraza al que mira, le retiene y atrapa. Te hace pensar en la grandeza de la naturaleza, en la que el individuo se siente solo, sabiendo que allá, donde la tierra se convierte en cielo, se alzan arquitecturas habitadas. Paisaje en el que el hombre está presente, pero no representado.